Ese viernes, Lil caminaba hacia el instituto, a la espera de otro día aburrido.Y encima tocaba una tutoría larguísima, lo que significaba sonrisas y palabras amables de profesores que lo único que pretendendían era quitarles las escasas ilusiones que tenían, si es que las tenían, que algunos ni eso. Lil odiaba a sus profesores, gentuza que se empeñaba en decir que la conocía cuando realmente no sabían una mierda de su vida. Pero tenía que aguantarlo. Lil paró al llegar a la puerta, miró hacia atrás como esperando encontrar una solución que la librase del instituto y entró.
Se acercó lentamente hacia su clase, entró y se sientó en la primera silla que encontró libre. Alguien llegó y le dió un papel, pero antes de que Lil puediera saber quién era, ya se había ido. Lil leyó lo siguiente:
"Botellón hoy a las ocho y media en la plaza de siempre, hace? Vienen mis amigos. Pásate anda, hace mucho que no sales. Besos. A♥"
Lil sonrió y miró el papel. Era de Annie, su mejor amiga, la única que estuvo a su lado cuando lo pasó mal. Lil siguió sonriendo y guardó el papel en su estuche, pensando en las ganas que tenía de salir con Annie
Cuando salió de clase, corrió a buscar a su amiga. Quería discutir sobre qué ponerse, porque estaba claro que iba a ir, aunque no conociese a los amigos de Annie. Ella tenía razón, llevaba demasiado tiempo pasando las noches en casa, como si fuese una niña buena que no sale con sus amigos, si no que se queda en casa leyendo un libro y mirando la calle como si fuese a contaminarse nada más pisarla. Lil sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento y fue al aulario de Annie, pero no estaba. Mosqueada, volvió a su casa para llamarla, pero su respuesta fue que no se encontraba bien y que no pensaba salir. Lil, más mosqueada todavía, decidió que iría al botellón aunque no conociese a nadie.
Por fin, llegaron las ocho y media. Lil se arregló como mucho tiempo atrás, cuando pasaba horas enteras mirando su reflejo en el espejo. Luego, le prometió a su madre que no llegaría muy tarde y salió de casa.
Lil llegó a la plaza, se presentó, bebió, rió por chorradas y tonteó con todos. Y muchas cosas más, pero del resto... Del resto Lil ya no se acuerda, porque, querida Lil, esta vez te pasaste.


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