viernes, 29 de enero de 2010

Que no me veas llorar no significa que no llore

Hoy Lil no está para nadie, no ha tenido un buen día. Bueno, realmente no está teniendo una buena época. Y es que últimamente está muy peleona con todos, con su madre, con Jake, con Annie... Y ellos, aunque saben cómo es, también pierden la paciencia. Lil está muy disgustada con esto, porque son personas muy importantes para ella. Y como no puede hablarlo con ninguno, Lil se encierra en su habitación y llora hasta que se queda dormida o se le acaban las lágrimas.
Por otro lado, a ellos también les pesa todo esto. Annie sufre mucho por ver así a su amiga, aunque ahora mismo no estén en su mejor momento. Ahora, cuando la ve en el instituto, Lil va cabizbaja y sola, y Annie piensa que es una sombra de lo que ha sido, una chica alegre y bulliciosa, siempre acompañada por alguien, siempre con algún plan para hacer algo... y eso, el ver así a Lil, a Annie le duele.
Jake también lo está pasando mal. Y es que no le gusta nada ver así a su chica. Jake siempre ha pensado lo mismo, que estar enamorado no significa mirarse el uno al otro, si no mirar los dos en la misma dirección. Y eso, a su entender, es que si Lil ríe, el ríe y si Lil sufre, él sufre con ella. También a Jake le duele.

Pero sin lugar a dudas, la que peor lo está pasando es la madre de Lil. Para ella es una tortura ver así a su hija, que siempre ha sido la alegría de la casa. La recuerda de pequeña, revolviendo por todas partes e incordiando a todos a cada rato, pero con esa sonrisa que siempre hacía que la perdonaras. Ahora, la ve llegar a casa, picar algo y encerrarse en su habitación toda la tarde. Piensa que Lil es fuerte, pero a lo mejor se está derrumbando por dentro, y eso una madre no puede permitirlo. Después de pensarlo un rato, Abigail piensa que su deber como madre es ayudar a Lil, así que hará lo que pueda para conseguirlo.
Como todos los días, Lil llega a casa, come algo y se encierra en su habitación. Abigail decide esperar un rato antes de intentar hablar con ella. Llama suavemente a la puerta y pasa a la habitación de su hija, un mundo cada vez más desconocido para ella. Vuelven los recuerdos de cuando Lil era pequeña. Pero Abigail no se deja dominar por los recuerdos y se acerca a su hija, que está sentada en su cama. Se sienta a su lado y la rodea con el brazo, en un intento de acercamiento a Lil, y de reojo, ve como las lágrimas ruedan por las mejillas de su hija.
- ¡Lil! ¿Qué pasa? Cuéntamelo todo cielo, ¿por qué estás así?
- No es nada mamá.- contesta Lil mientras se limpia las lágrimas con la mano y mira a su madre a la cara
-Pero Lil, no mientas porque no sabes, tu nunca lloras asi que... cuéntame.
- Escucha mamá... que no me veas llorar no significa que no llore.

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