Hoy Lil no está para nadie, no ha tenido un buen día. Bueno, realmente no está teniendo una buena época. Y es que últimamente está muy peleona con todos, con su madre, con Jake, con Annie... Y ellos, aunque saben cómo es, también pierden la paciencia. Lil está muy disgustada con esto, porque son personas muy importantes para ella. Y como no puede hablarlo con ninguno, Lil se encierra en su habitación y llora hasta que se queda dormida o se le acaban las lágrimas.
Por otro lado, a ellos también les pesa todo esto. Annie sufre mucho por ver así a su amiga, aunque ahora mismo no estén en su mejor momento. Ahora, cuando la ve en el instituto, Lil va cabizbaja y sola, y Annie piensa que es una sombra de lo que ha sido, una chica alegre y bulliciosa, siempre acompañada por alguien, siempre con algún plan para hacer algo... y eso, el ver así a Lil, a Annie le duele.
Jake también lo está pasando mal. Y es que no le gusta nada ver así a su chica. Jake siempre ha pensado lo mismo, que estar enamorado no significa mirarse el uno al otro, si no mirar los dos en la misma dirección. Y eso, a su entender, es que si Lil ríe, el ríe y si Lil sufre, él sufre con ella. También a Jake le duele.
Pero sin lugar a dudas, la que peor lo está pasando es la madre de Lil. Para ella es una tortura ver así a su hija, que siempre ha sido la alegría de la casa. La recuerda de pequeña, revolviendo por todas partes e incordiando a todos a cada rato, pero con esa sonrisa que siempre hacía que la perdonaras. Ahora, la ve llegar a casa, picar algo y encerrarse en su habitación toda la tarde. Piensa que Lil es fuerte, pero a lo mejor se está derrumbando por dentro, y eso una madre no puede permitirlo. Después de pensarlo un rato, Abigail piensa que su deber como madre es ayudar a Lil, así que hará lo que pueda para conseguirlo.
Como todos los días, Lil llega a casa, come algo y se encierra en su habitación. Abigail decide esperar un rato antes de intentar hablar con ella. Llama suavemente a la puerta y pasa a la habitación de su hija, un mundo cada vez más desconocido para ella. Vuelven los recuerdos de cuando Lil era pequeña. Pero Abigail no se deja dominar por los recuerdos y se acerca a su hija, que está sentada en su cama. Se sienta a su lado y la rodea con el brazo, en un intento de acercamiento a Lil, y de reojo, ve como las lágrimas ruedan por las mejillas de su hija.
- ¡Lil! ¿Qué pasa? Cuéntamelo todo cielo, ¿por qué estás así?
- No es nada mamá.- contesta Lil mientras se limpia las lágrimas con la mano y mira a su madre a la cara
-Pero Lil, no mientas porque no sabes, tu nunca lloras asi que... cuéntame.
- Escucha mamá... que no me veas llorar no significa que no llore.


Me gusta mucho tu blog, voy a seguir tus pasitos ^^
ResponderEliminarMuchas, muchas gracias, de verdad :)
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