miércoles, 28 de abril de 2010

Está bien... te quiero

Era un sábado como otro cualquiera. Lil había ido a casa de Jake a pasar la tarde con él, que estaba solo en casa. No había padres que molestaran, ni amigos que llamasen interrumpiendo los mejores momentos, simplemente estaban ellos dos. Era lo que ambos habían estado esperando. Era su día.
Su día empezó maravillosamente. Cuando Lil llegó a casa de Jake, éste la recibió con un cálido beso y le dijo que se sentara en el salón, que ahora iría.
- Estoy preparando una cosa, ¡ahora voy!
- No tardes mucho... pidió Lil, mimosa como sólo ella sabía serlo
Y Jake no tardó. Cuando apareció en la puerta, llevaba dos vasos de vodka con chocolate, la bebida preferida de Lil. Se sentó junto a ella y, como de costumbre, la besó en la cabeza. Y Lil, como siempre, le besó en el cuello. Era como una especie de juego. Los vasos de vodka habían quedado olvidados.
Más tarde, tras unas cuantas copas, Jake había besado a Lil, le había tomado la mano y le había llevado hasta su habitación. Tumbada sobre la cama, a ojos de Jake, Lil parecía guapísima. Tenía una especie de luz que la envolvía. Aunque hubiese querido, Jake no hubiera podido resistirse...
La besó despacio. Ella, por su parte, hizo lo propio y le devolvió el beso. Lentamente la ropa de ambos fue amontonándose en el suelo de la habitación. Lil había mirado a Jake, y le había dicho "estoy lista". Hicieron el amor y después, se quedaron dormidos, acurrucados en la cama uno junto a otro. Luego Lil se había despertado y había mirado a Jake. Había sido su primera vez, la primera de muchas, la primera con él. Después Jake también se había despertado. Lil se dió cuenta de una cosa:
- ¿Sabes qué?
- Dime pequeñaja
- En todo el rato que llevo aquí, no me has dicho te quiero ni una sola vez.
- Bueno, pero se sobreentiende ¿No?
- Sí, pero me gusta que me lo digas.
- Está bien... te quiero.

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