jueves, 15 de octubre de 2009

A Broken love (5) ♥

Nueva York. Mañanas de paseos por Central Park. Tardes de meriendas en el Starbucks, hablando de todo y de nada, creando ilusiones y haciendo planes. Noches perfectas de juegos entre sábanas. Y yo, que me iba olvidando de aquello que me había hecho volar a Nueva York. Pero ya se sabe, lo que fácil se olvida, fácil se recuerda, y una de nuestras mañanas de paseos, volví a sentir el dolor que había sentido mes y medio atrás.

Era temprano, pero Nueva York ya estaba lleno de gente. Estábamos paseando, tranquilos, como la pareja feliz que éramos. Haciendo planes para lo que haríamos esa tarde. Éramos felices, con una felicidad sana y elemental, esa felicidad que solo se tiene cuando estás enamorada.

- Si te parece, esta tarde podemos ir a ver el Empire State, o si lo prefieres Wall Street, o no sé, donde quiera mi pequeña...
-¿Qué? Lo siento Matt, estaba despistada -lo cierto era que había estado escuchándolo, pero cuando oí ese mote cariñoso, pequeña, desconecté. Simplemente porque solía oír esa palabra desde la boca de otra persona, y aún no lo había olvidado.
- Decía que podemos ir a ver el Empire State, o Wall Street, o lo que tu quieras...

Pero yo ya estaba muy lejos de allí. Concretamente, tres meses atrás y en mi casa de Londres, hablando con Alex.

- Mira, podemos hacer el viaje el mes que viene. O podemos quedarnos en casa. Si quieres, podemos ir a la finca de mis padres. Como deseé mi pequeña.

Alex y yo estábamos preparando un viaje, justo para irnos cuando el volviese de Nueva York y ese viaje aún estaba esperando.Recordé la tarde que nos conocimos.Recordé el momento exacto en el que nos besamos por primera vez y el día que me pidió que nos fuésemos a vivir juntos, y se me empañaron los ojos de lágrimas. Matt se dio cuenta rápidamente, me conocía muy bien a pesar de no llevar casi tiempo juntos.

- ¡Noa! ¿Qué te pasa? Dime algo pequeña, contesta.
- ¡NO ME LLAMES ASÍ!- grité como poseída- ¿Necesito estar sola vale? Estoy confusa, muy confusa, y quiero poner en orden mis ideas.
- Pero Noa...¿Qué te pasa? ¿Qué te he hecho? ¿Por qué me tratas así?- preguntó Matt evidentemente triste
- No lo sé, Matt, te juro que no lo sé- y me eché a llorar desconsolada en sus brazos.

Horas más tarde, ya me había serenado, aunque no le había contado a Matt el verdadero motivo de mi ataque de histeria. Fuimos al Starbucks de siempre, escenario de nuestro primer beso y estuvimos hablando de naderías, puesto que yo aún seguía en otra parte.

-Oye Matt, creo que va siendo hora de volver a casa ¿no?
-¿Quieres volver a Londres? Está bien, como quieras, sacamos los billetes mañana y nos volvemos ¿Te parece? - El pobre Matt quería complacerme a toda costa, pues estaba convencido de que mi ataque de histerismo era culpa suya.
- Podemos quedarnos un poco más. No es que quiera volver a casa ahora mismo, pero llevamos aquí dos semanas, hay que ir pensando en volver.

Mientras hablábamos, entró en el Starbucks una pareja un poco dulzona para mi gusto. Iban tan pegados el uno al otro que parecían una misma cosa. Luego pensé que quizás me dieran un poco de envidia, puesto que yo también quería ser una sola cosa junto con Matt. Cuando la pareja se dio la vuelta para dirigirse hacia una mesa, me quedé helada.

Era Alex. Mi Alex. El que me había abandonado sin explicación ninguna. El que se había fugado a Nueva York con su francesa. El que me había dejado destrozada durante un mes y medio. Y estaba empezando a sospechar que aún no lo había olvidado.

En cuanto le vi, me levanté corriendo y salí de allí. No podía soportar estar allí sabiendo que el estaba tan cerca, susurrando palabras de afecto a alguien que no era yo. Mi pobre Matt se había quedado allí, sin decir palabra, mirando como salía sin darle ninguna explicación.

Corría, seguía corriendo, y mientras corría me asqueaba de mi misma, ¿por qué?

Porque había dejado plantado a Matt, justo como Alex había hecho conmigo.


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