Últimamente pasan cosas raras. Raras en el sentido de que hay cosas que tenía clarísimas y ahora no lo están tanto. A veces me pregunto si estoy desperdiciando mis 18 años, quiero divertirme, salir con amigas, sonreír hasta que me duela la cara, ir a fiestas loquísimas... Y sin embargo, ¿qué es de mí? Salgo sí, pero no me divierto. Hago siempre lo mismo, me aburre la rutina. Viernes y sábados de dar vueltas, sin ningún otro estímulo, siempre hasta demasiado pronto. No sé si me he buscado unos amigos demasiado sosos para mí o es que soy yo la que está cambiando a pasos agigantados.
Vivir lejos de la universidad tampoco ayuda. Mi gente de allí sale, sale muchísimo, yo me conformaría con la mitad de lo que disfrutan ellos. Pero claro, tener que coger tren y metro cada vez que quiero llegar allí, para encima estar un rato cortísimo ya que luego hay que volver a casa, pues no compensa. Y yo me muero de envidia cada vez que proponen un plan, y odio tener que rechazarlo siempre. Aunque tampoco puedo engañarme, si no voy allí es en parte porque no soporto la idea de tenerle preocupado toda una noche, y sé que a él tampoco le gusta que me vaya, me echa mucho de menos, depende demasiado de mí, y eso es algo que debería cambiar, pero ya llevamos así mucho tiempo, y no creo que tenga ya solución. Tendré que renunciar a divertirme sin él, un pequeño sacrificio por todo lo que queda, otro sacrificio más, duro a veces. Pero cuando se hace muy cuesta arriba recurro a ti y te lo cuento todo, y se me acaba pasando, a veces tarda más y a veces menos, pero se pasa. Lo único que me preocupa es cuando volverá a salir todo esto y si lograré callarlo sin perjudicar a nadie más que a mí misma.


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