Los mayores siempre me dicen que todo puede cambiar, que soy una niña y que no tengo las cosas claras, creen que saben mucho. Pero lo que no saben es que yo te he prometido una cosa, y como no lo saben siguen insistiendo, se repiten. Pues que se repitan, que sigan. Porque puede sonar infantil que diga que me gustas más que las piruletas rojas de corazón, pero es que es verdad, me gustas más que las piruletas, que el chocolate, que las oreos, que el chocolate con oreos y que las chuches juntos. Pero al igual que digo eso puedo decir que quiero compartir contigo el resto de mi vida y que me reservo el mejor de mis besos para ese día que tú y yo sabemos. Y esto lo digo no después de un mes o dos de estar contigo, si no después de treinta y dos, 32 meses que me han demostrado que nos complementamos perfectamente: tu tranquilidad y mi nerviosismo quizás sean el mejor ejemplo. ¡Por Dios, si encajan hasta nuestros mofletes!
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